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Las consecuencias Térmonucleares de Hiroshima y Nagasaki, aceleraron el cambio Climático Global

  • Redacción EVM
  • 8 ago 2019
  • 4 min de lectura

* Devastadores y de largo plazo los efectos que las armas de destrucción masiva han causado al medio ambiente y a la humanidad

* Monsanto involucrado con esta calamidad de incalculables consecuencias

* El proyecto criminal de lesa humanidad que devastó a Hiroshima y Nagasaki, nació en Mánhatan, Nueva York, principal centro financiero de los Estados Unidos


Han pasado 74 años de aquel fatídico agosto de 1945 cuando en forma irresponsable, criminal y mezquina, sin haber efectuado estudios previos de impacto ambiental ni estimar las consecuencias futuras de una acción tan homicida, cuando la Segunda Guerra Mundial prácticamente había concluido con la derrota de los países del Eje, los Estados Unidos hicieron estallar sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, en el Japón, un par de artefactos nucleares de devastadoras consecuencias térmicas y de daños a la salud tan graves, que hasta hoy no han podido ser plenamente calculadas.


Cuando entraron en contacto con el medio ambiente el uranio enriquecido y el plutonio 239, y produjeran el infernal hongo que genera la fisión nuclear, los científicos de Monsanto que realizaron el proyecto Manhattan, con la participación de diversas universidades, ni siquiera imaginaban que, al liberar esta forma de energía térmica de una forma tan incipiente y suicida, acelerarían el cambio climático global que padecemos hoy en día, aunado a los efectos de gases de tipo invernadero.


El nefasto proyecto bélico Manhattan que el entonces presidente de los Estados Unidos Harry S. Truman, delegara en el general Leslie Graves, nació en el principal centro financiero del mundo, la ciudad de Nueva York, y se cristalizó en un solitario paraje de Nuevo México en julio de 1945 con la primera prueba de la monstruosa arma que a los gringos les urgía probar sobre personas vivas e inocentes y que hicieron estallar un mes después sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, el 6 y 9 de agosto, respectivamente.



Monstruosos componentes los de “Little Boy” y “Fat Boy”


Por citar un ejemplo, las rudimentarias bombas atónicas bautizadas irónicamente como “Little Boy” y “Fat Boy, se fabricaron básicamente con uranio 235 y plutonio 239; el uranio 235 es una sustancia radioactiva que en su forma natural forma parte de las rocas, la tierra, el aire y el agua, pero cuando se le manipula con otras sustancias químicas donde Monsanto y Bayer son expertos, se transforma en uranio enriquecido y es capaz de producir devastadoras reacciones térmicas en cadena cuyos efectos contaminantes tardarán en dispersarse hasta 700 millones de años con incalculables efectos en daños a la salud tanto del planeta como de sus habitantes.


Por su parte el plutonio 239 es un producto creado por la industria química, y se utiliza como combustible nuclear para sostener las reacciones en cadena que produce el uranio enriquecido; tiene 16 isótopos, todos ellos radioactivos; su forma es de metal plateado y está compuesto por cinco estructuras cristalinas de diferente forma y con él se pueden formar otros compuestos químicos con todos los elementos no metálicos, excepto los gases nobles.


Es por eso que hoy en día pese a los esfuerzos que se han hecho para regresar a Hiroshima y Nagasaki a la normalidad los japoneses aún sufren sus devastadoras consecuencias con enfermedades hepáticas y cáncer, efectos que sufren incluso los turistas extranjeros que visitan esas ciudades cuando permanecen en ellas por largos periodos de tiempo, pues las posibilidades de desarrollar cáncer son mucho más elevadas cuando se entra en contacto con estos elementos aunque ya hayan transcurrido 74 años, así de terrorífica es la energía nuclear.


Actualmente ambos componentes se usan con fines pacíficos para alimentar plantas nucleares como la de Laguna Verde en México y dada la alta peligrosidad que encierra la energía nuclear, se tomaron en cuenta estos riesgos cuando se diseñó y construyó la referida planta.


Tanto en el Instituto Nacional de Energía Nuclear (INEN) como en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se hicieron profundos estudios de impacto ambiental, de lo devastador que pudiera resultar un accidente con materiales tan peligrosos como el uranio y el plutonio, pero por cuestiones de seguridad nacional los archivos correspondientes a la fecha se mantienen como clasificados en bóvedas selladas del Archivo General de la Nación.


Sin embargo, para para que se den una idea estimados cibernautas, de lo peligrosos que son ambos elementos cuando entran en contacto con la atmósfera, trataremos de explicarles un poco el funcionamiento de una planta termonuclear.


Su funcionamiento es idéntico al de una central térmica que opere con petróleo o carbón, pero en este caso la energía eléctrica se obtiene de las reacciones de fisión nuclear de los átomos del combustible nuclear, para lo cual se utiliza un reactor nuclear que controlará las fisiones atómicas, las que a su vez generarán una gran cantidad de calor que hará hervir grandes volúmenes de agua que generarán vapor a muy altas temperaturas que harán girar las enormes turbinas de la planta, que producen electricidad.


Para evitar un accidente el reactor y su núcleo se encierran en una gran vasija de acero de muy grueso calibre protegida por un edificio de hormigón, pero ni así se evita el riesgo de un accidente nuclear como quedó demostrado primero en Chernobyl y más recientemente en Fukushima.

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